CNDA-NE-027-2022

 CRISIS MULTIDIMENSIONAL EXIGE MEDIDAS POLIFUNCIONALES

Todos los órganos multilaterales en particular los organismos financieros internacionales, coinciden en que ya confrontamos una crisis multidimensional, como una especie de fuerte tormenta de vientos cruzados en alta mar o una severa turbulencia en las alturas, donde las circunstancias ya exigen salir lo menos dañado posible logrando que la nave resista con toda su tripulación y pasajeros a bordo. Esto, que pareciera una obra de suspenso, es una realidad económica irrebatible ante los acontecimientos de los que somos testigos en el contexto interno y externo.

La crisis multidimensional se nos presenta en cuatro frentes: la salud humana por la persistente pandemia del Covid19 en su quinta ola, menos mortal y costosa, pero aun con bajo nivel de vacunación en los países menos avanzados; por otro lado, con la viruela símica (del mono) que según últimos reportes de la OMS ya constituye una emergencia de salud pública con carácter internacional en varios países. La segunda dimensión de la crisis es económica, originada en los efectos de invasión rusa a Ucrania, lo que ha provocado una inflación inesperada en los precios de alimentos, combustibles, energía, insumos agrícolas y otros, a lo que se han aparejado crisis financieras y fiscales en los países más dependientes de estos commodities, lo que resulta en una desaceleración económica global que podría convertirse en recesión en los países más afectados y vulnerables, que son los más pobres.

La tercera faceta de la crisis es medio ambiental originada en la aceleración del cambio climático que trae consigo sequías graves y prolongadas, periodos de estiaje (baja en las aguas de los ríos) que imposibilitan uno de los más importantes transportes como el fluvial; incendios forestales por altas temperaturas en la Amazonia, el Oeste de Estados Unidos, Australia, etc. mayores deshielos de los glaciares afectando la fauna marina. Todo esto agrava la crisis alimentaria global. Finalmente, y no menos importante es la crisis política y social que confrontan en particular los países con democracias menos consolidadas, que vivimos en perenne conflicto social agravado por el narcotráfico, inseguridad, informalidad, contrabando, desempleo. Esta situación desemboca en recurrentes crisis que inviabilizan la gobernabilidad en muchos casos y provocan cambios traumáticos que dañan la democracia.

El 27 de julio pasado, preocupados por esta situación, se reunieron los jefes de las cinco principales agencias y organismos multilaterales y de cooperación (BM, FMI, OMC, BERD, ADB), coincidiendo todos en la gravedad de la crisis multidimensional analizaron las opciones que tenemos para no caer en recesión, en particular por el riesgo inminente en los países emergentes (Asia, México y Brasil) y los países en desarrollo.

Todos coinciden que la prioridad de financiar y atender es la salud humana sin descuidar la financiación de la estabilidad macroeconómica en los referidos países, apoyando el sostenimiento del empleo y la ayuda a los menos favorecidos (mujeres, niños y ancianos en pobreza o extrema pobreza). En esto juegan un rol esencial las medidas de facilitación al comercio, a efectos de reducir los costos de suministro en las importaciones y las posibilidades de incremento de la producción y las exportaciones, integrando los países en cadenas globales de valor a través de los acuerdos de integración subregional.

En Bolivia el optimismo de las autoridades sobre el aparente aislamiento del país de los efectos de la crisis, no convence al sector privado ni a muchos entendidos en materia económica, pues es evidente el incremento del déficit fiscal, la deuda externa, la caída de las reservas internacionales la reducción del empleo formal y el déficit neto de las balanzas comerciales de productos y servicios, cuyos indicadores publicados por las entidades oficiales están siendo compensados en buena parte por la producción de la economía subterránea del contrabando, la corrupción, el narcotráfico y la creciente informalidad alimentada por estos negocios ilícitos. Esto nos convierte en una economía de aparente estabilidad con frágil sustento.

La situación amerita medidas oportunas, resilientes y consensuadas con todos los actores económicos del país, incluyendo la sociedad civil organizada, estas medidas deben estar orientadas primero a resolver el problema de la caída del ingreso, a través del mejoramiento de nuestra posición exportadora de bienes y servicios, eliminando las restricciones a la oferta exportable de alimentos excedentaria  para aprovechar los precios altos, y mejorar la infraestructura de generación de servicios para reducir el déficit; el financiamiento externo del gasto público no es sostenible, es mejor aumentar el ingreso fiscal combatiendo de manera eficaz el contrabando y eliminando las múltiples trabas para arancelarias.

Las medidas de impacto social no pasan por aumentar los bonos y subsidios, que por cierto deben mantenerse para los menos beneficiados como niños, adultos mayores y mujeres gestantes. La mejor ayuda que puede recibir una persona es tener un trabajo digno que le permita dar sustento y cobijo a su familia. El drama de la pobreza no se resuelve con generosidad política, se resuelve con fuentes de trabajo.

Lic. Antonio Rocha Gallardo

PRESIDENTE CNDA